
𝗕𝗮𝘀𝘁𝗮 𝘂𝗻 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝗹𝗮 𝗳𝗮𝘁𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗲𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗼 𝘁𝘂 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝘃𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼. 𝗙𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗲𝘀𝗼𝘀 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗼𝘀 𝗮𝗹𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀
1.- Sumirte en una tristeza infinita y dejar que esta dicte el resto de tus días.
2.- Luchar, resignificar tu vida y seguir adelante.
Esta es una historia de lucha, de esperanza, pero por encima de todo, de amor incondicional de una esposa quien por 4 años ha cuidado de manera infatigable a su esposo luego de un accidente que lo dejó en estado vegetal. Ahí donde la ciencia no tiene mucho que decir, el amor, el tiempo y la dedicación han realizado verdaderos milagros .
Nos recibe la señora Jessica con una sonrisa cálida y honesta y nos dice “hoy es su cumpleaños y quiero llevarlo a pasear. Quiero ir al Circuito Mágico del Agua. Quiero que la pase bien. ¡Gracias por venir!”
“Por favor ayúdeme a ponerlo en su silla de ruedas”. Me indica mientras opera con solvencia un brazo hidráulico que facilita la tarea. Claramente he puesto cara de sorprendido. Lo mandé a fabricar para él, me explica antes que le pregunte. Es muy práctico y me ayuda mucho. ¡Ah! sí, la silla de ruedas también es preparada y adaptada, tiene un asiento de auto, mire, es más cómodo para él.
Creo que mi rostro expresó aún más asombro. Ella se sonríe.
Luego de un largo trayecto llegamos al Circuito Mágico del Agua. De pronto la señora Jessica me dice “Allá, en esa banca, yo me tomé una foto con mi esposo hace como 10 años atrás”. Entonces vamos, le respondo. Si gusta yo le tomo otra foto hoy.
Ahí sentada, en esa banca, la señora Jessica nos cuenta cómo han sido estos últimos años de su vida. Hay en sus palabras una mezcla de emociones: nostalgia, esperanza, pero sobre todo determinación. Ella encarna eso y mucho más. Conversamos mientras no deja de atender por un instante a su esposo.
El día transcurre rápido. Entre más fotos, historias y cafés. Es hora de retornar. Llegamos de vuelta a su casa. Pienso que he tenido suerte. No siempre se conocen personas así, de amor infinito e incondicional. La señora Jessica es, como diría Galeano, un fuego que arde e ilumina otras vidas.
Estoy por retirarme y me dice “¡no olvides tu torta!”, me da una tajada generosa y parto a casa. En el trayecto devoro la torta. Esta deliciosa y pienso que esta historia merece ser contada.
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PS: Por cierto, desde el accidente a su esposo la señora Jessica se dedica a preparar tortas a pedido. Me dice “Me siento a preparar mis tortas mientras le converso y escuchamos música como antes”. Pueden realizar sus pedidos al: 943 009 639. ¡Muy recomendable!

